La influencia de la nostalgia en mis historias
La nostalgia aparece en mis historias como una forma de regreso.
No siempre a un lugar.
A veces se vuelve a una persona, a una edad, a una casa, a una tarde, a una conversación que parecía mínima y después entendimos que era irrepetible.
Me interesa la nostalgia porque no habla solamente del pasado. Habla de lo que el pasado todavía hace con nosotros.
Hay recuerdos que no se quedan quietos. Vuelven en una canción, en una calle, en una foto, en una frase que alguien dijo sin saber que iba a quedarse para siempre. Y cuando vuelven, no solo nos muestran lo que fuimos. También nos obligan a mirar lo que perdimos.
En mis historias, la nostalgia no suele ser dulce del todo.
Tiene belleza, pero también herida.
Porque recordar no siempre consuela. A veces duele. A veces muestra una versión de nosotros que ya no existe. A veces nos enfrenta con decisiones que no pueden cambiarse, con personas que ya no están o con momentos que no supimos valorar cuando estaban ocurriendo.
Quizá por eso muchos de mis personajes viven atravesados por algo que quedó atrás.
Un amor.
Una culpa.
Una infancia.
Una ausencia.
Una vida posible que no llegó a suceder.
La nostalgia, para mí, no es mirar el pasado con ingenuidad.
Es entender que nadie avanza completamente limpio.
Todos llevamos algo de lo que fuimos. Algo que extrañamos. Algo que todavía nos llama desde lejos.
Y tal vez escribir sea eso: intentar escuchar esa voz antes de que se pierda del todo.